BIENVENIDOS!

Este blog está dedicado a todos los tributos que se quedaron con ganas de más al acabarse ''Sinsajo''. Aquí iré subiendo los capítulos de esta continuación hecha por mí llamada: DESTINO.
Esta historia está contada desde el punto de vista de Leslie Primrose, la hija de Katniss Everdeen y Peeta Mellark y narra como tuvo que afrontar su destino y convertirse en el nuevo Sinsajo, siguiendo así los pasos de su madre.
Sé que Suzanne dijo al final de Sinsajo, que Katniss y Peeta tardaron 15 años en tener hijos, pero he tenido que cambiarlo ya que necesitaba que tuvieran unas edades concretas.

PD:Los capítulos, son bastante largos (de unos 10 folios DinA4 cada uno) por lo que los iré subiendo poco a poco. Podeis contactar conmigo a través de mi twitter @LydiaMartnez. GRACIAS POR LEER ;)

sábado, 13 de abril de 2013

CAPÍTULO 12: 

Después de que me echaran de la sala de mando, decidí acompañar a Finnick a su entrenamiento, ya que, según mi horario, tengo que presentarme de nuevo en mando dentro de diez minutos, por lo que me salto el entrenamiento de hoy.

-Entonces, ¿ese tal Gale ha venido desde el 2?

-No estoy segura, no me dió tiempo de escuchar demasiado antes de que Haymitch me sacara a empujones, pero creo que sí.

-¿Por qué crees que está aquí?

-Ni idea. Lo más lógico es que venga a unirse al ejército, ¿no?

-No lo sé, eres tú la que le conoce.

-Yo no le conozco, mi madre no me habló casi nunca de él, excepto para contarme que fueron compañeros de caza y que después de la guerra encontró un trabajo en el 2.

-Y que fue el que diseñó la bomba que mató a tu tía. -Añade él.

-Sí. Aunque no sé exactamente si mi madre le culpa o no. -Llegamos a la Sala de Entrenamiento y le doy a Finnick un beso de despedida.

-¿Qué harás en mando? Acaban de echarte.

-Seguro que no querían que supiera lo que está pasando con Gale, supongo que ya habrán terminado y empezarán a trabajar conmigo. ¿No te acuerdas que Haymitch quería empezar cuando antes?

-En cualquier caso, buena suerte.

-Igualmente. -Y emprendo de nuevo mi camino hacia la sala de mando.

Cuando llego me encuentro con Plutarch, Haymitch, mi madre, sus tres estilistas y con una mujer de mediana edad que se presenta como Fulvia, la presidenta del Distrito 13. Tomo asiento fente a Haymitch y cruzo los brazos sobre la mesa.

-Bien, Less, ¿tienes idea de para lo que estamos aquí?

-Viéndoles a ellos, -señalo a los estilistas- supongo que para ponerme guapa, ¿no?

-Podría decirse así. -Hace una pausa y se inclina sobre la mesa, mirándome fijamente a los ojos.- Vamos a decidir qué aspecto tendrás ahí fuera.

-Creí que iba a una guerra, no a un pase de modelos. -Haymitch me dedica una mirada un tanto exasperada y después se gira hacia mi madre.

-Tenía que ser tan encantadora como tú, ¿verdad? -Mi madre y yo nos enviamos miradas de complicidad e intercambiamos unas breves sonrisas.- Bueno, al grano. Tienes razón, Less, vas a la guerra, pero si quieres que la gente se fije en ti tendrás que llamar la atención, ¿no crees?

-Creo que lo que menos falta la hace es llamar la atención. -Interviene mi madre, no muy educadamente.- Creía que habíamos acordado que se pondría mi traje de Sinsajo.

-¿Se puede saber, preciosa, que te pondrás tú si la cedes tu traje?

-Yo puedo apañármelas con un traje normal. Dadle a ella mi traje, lleva más protecciones.

-Entonces, ¿es lo que haremos? Presentar a la niña como una ''mini-Katniss''? -Se une Fulvia.- No me parece mala idea. Podemos vestirlas con trajes exactamente iguales y mostrarlas juntas en todo momento.

-Lo que queremos conseguir no es eso, sino un Sinsajo completamente nuevo, ¿me seguís?

-Tal vez la idea de crear desde cero otro Sinsajo no es la más adecuada, Haymitch. No si tenemos en cuenta la velocidad a la que avanzan los rebeldes. -Interviene Plutach por primera vez. Haymitch, harto, se pone en pie y se lleva las manos a la cabeza. Yo no puedo evitar soltar una risita.

-¿No se supone que habíamos quedado en moldear un nuevo símbolo de rebelión? ¿Con un nuevo rostro y una nueva personalidad?

-Sí pero no hay tiempo Haymitch, trabajamos contra reloj, los rebeldes casi se han hecho con el 5 y si se hacen también con el 6... Estaremos predidos.

-¿Por qué? ¿Qué hay en el 6? -Pregunto sintiéndome un poco avergonzada, ya que todo el mundo parece mirarme como si fuera idiota.

-El 6 se encarga del transporte de todo Panem. No hay tanques ni aviones militares pero sí están todos los trenes que comunican los distritos. Si se hacen con él, se acabarán las evacuaciones. ¿Tienes idea de la cantidad de gente inocente que morirá si eso ocurre?

-Haymitch, Plutarch tiene razón, no hay tiempo.- Insiste Fulvia.

-Está bien, haced lo que querais, ¿qué teneis pensado?

-Tal vez podríamos presentarla de la misma forma que presentamos a Katniss hace quince años. Rebelde, furiosa, y con un toque de salvajismo. Como una persona que ha sufrido mucho y que quiere venganza.

-Less no es así. -Interviene mi madre.

-No hace falta que lo sea. Nos vale con que actúe como tal.

-Pero no tiene sentido, ella nunca ha pasado hambre, no ha participado en los juegos, no ha vivido una guerra.

-¿Qué enfoque sugieres que le demos a tu hija entonces, Katniss?

-No lo sé. Ni si quiera estoy de acuerdo con lo que estáis haciendo.

-¿Y si moldeamos su imagen para que parezca la de una niña a la que la han arrebatado su adolescencia? No es tan trágico como lo que propote Fulvia pero sí lo suficiente como para causar impresión. -Esta vez es Octavia la que interviene, por primera vez en lo que llevamos de reunión.

-Me gusta. -Opina Plutarch.

-Y a mí. -Apoya Fulvia.

-Genial. ¿Tú que opinas, preciosa? -Pregunta Haymitch mirando a mi madre con una sonrisita.

-Vale. Pero pienso que Less es la que debe decidir.

-A mí me vale, supongo. -Contesto, no muy convencida.

-Entonces manos a la obra. -Sentencia Haymitch.- Less, ve con los estilistas a probarte el traje de tu madre mientras nosotros trabajamos en un bonito discurso, ¿de acuerdo? -Los extravagantes estilistas se levantan y me hacen gestos para que les siga, lo hago.

Por el camino, el estilista de tirabuzones naranjas se presenta como Flavius, y la mujer de la melena azul y algo más mayor que sus compañeros, como Venia. Flavius, Venia y Octavia me llevan a un compartimento donde tienen todo un arsenal de productos de belleza, en el que me dejan en ropa interior y me visten con un traje negro que va del cuello a los tobillos y con un par de botas a juego. El conjunto es algo ajustado y pesado, auque muy cómodo al mismo tiempo. Noto todas las protecciones a las que se refería mi madre: chaleco antibalas incorporado, rodilleras y protecciones en los codos. La capucha lleva incorporado un casco, de manera que me lo puedo quitar fácilmente cuando quiera y, por el peso de las botas, deduzco que llevan las punteras de acero. Me giro para mirarme al espejo, pero Ocavia no me lo permite.

-Deja que acabemos nuestro trabajo. -Me dice.

Me sientan en un taburete, de espaldas al único espejo de la habitación, y me deshacen la despeinada trenza oscura que cuelga por mi espalda. Octavia me desenrreda mientras los otros dos discuten a cerca del maquillaje.

-¿Cómo es que estáis aquí? -Pregunto. Flavius, que hasta ahora me daba la espalda, de gira y posa sus ojos marrones sobre los míos y me muestra una sonrisita burlona.

-Que seamos del Capitolio no quiere decir que estemos de acuerdo con los rebeldes, niña.

-Lo siento, pensé que...

-No importa.

Nadie vuelve a hablar si no es para dar instrucciones a otro. Octavia me ha cortado un poco las puntas y me ha hecho una trenza nueva, esta vez baja de la parte izquierda de mi cabeza y cae por mi hombro derecho. Los tres estilistas se paran a admirar el trabajo de Octavia hasta que Venia pregunta:

-¿Qué haremos con el maquillaje?

-Pienso que no deberíamos abusar demasiado.

-Lo sé, pero mira que granos. ¿Los dejamos tal cual? -Me parece que Venia está exagerando, ya que los únicos granos que tengo son unos cuantos granitos, típicos de la pubertad. Afortunadamente, Octavia parece darse cuenta.

-Creo que será lo mejor, ya has oído lo que han dicho en mando, tenemos que hacer que parezca una adolescente, ¿qué hay más propio de la adolescencia que unos pocos granitos?

-Entonces, ¿no la maquillamos?

-Tengo una idea. -Interviene Flavius, y se avalanza sobre mí, moviendo sus herramientas de maquillaje a toda velocidad. -Cierra los ojos, Leslie.

Acerca la brocha a mi párpados cerrados y comienzá a dar suaves toques. Cuando abro los ojos, Flavius ya está centrado en mis mejillas, cosa que parece frustrarle un poco, ya que el yeso que tengo sobre la nariz no le deja trabajar. Deja la brocha sobre la mesa donde están apoyados todos los productos cosméticos y coje un pequeño tuvo. Extiende por mis labios un pegote de esa especie de crema y al instante noto la diferencia, incluso estando de espaldas al espejo: mis labios ya no son tan carnosos como antes, más bien están secos y puede que incluso algo cortados.

-Bueno, creo que ya está. Puedes mirarte. Por supuesto, quedará mucho mejor cuando se te arregle la nariz. -Me levanto de la silla y me giro para encontrarme con el reflejo de una persona que no parece corresponder conmigo, es más, este reflejo es sorprendente y espeluznantemente parecido al de mi madre.

Examino detalle a detalle todo mi cuerpo, de pies a cabeza. Las botas negras, duras, pesadas y cómodas, más parecidas a las que suelo usar cuando voy de caza a las que llevan los militares. El traje, tan negro como el carbón y algo ajustado, aunque me permite una perfecta movilidad, no solo es cómodo, sino bonito. Al ser de color negro, estiliza bastante mi figura e incluso hace que parecer que tengo más pecho. Las mangas llegan hasta por debajo del codo, así que dejan ver los arañazos que Alice me hizo en los antebrazos y la pulsera que Finnick me regaló. La preciosa trenza de Octavia cae suavemente por mi hombro derecho hasta debajo del pecho. Pero lo más sorprendente es, sin duda, mi cara: Flavius no ha abusado para nada del maquillaje, sino que ha aplicado algunas sombras más oscuras alrededor de mis ojos, haciendo que parezcan ojeras, y en mis mejillas, haciéndolas parecer más huecas de lo que son. Los labios, como esperaba, parecen estar dañados y muchos más pálidos que habitualmente. El enyesado de mi nariz y los arañazos de los brazos parecen encajar a la perfección con el estilismo, ya que hacen parecer que me recupero de lesiones que he sufrido en la batalla.

-Creo que deberías quitarte la pulsera. -Sugiere Venia.- No concuerda demasiado con el aspecto que queremos darte.

-No. No pienso quitármela. -A través del espejo distingo una mueca de discordia, pero no dice nada. Vuelvo a centrarme en mi reflejo, que me devuelve una mirada sorprendentemente mortífera.

-¿Qué te parece? -Pregunta Flavius.

-Me gusta. -Admito.- Aunque no me parezco mucho a mí.

-Eres igual que tu madre, Less. -Reconoce Octavia.- Sois como dos gotas de agua.

-Sí pero tiene los ojos de su padre. -Aporta Venia.

-Lo sé, pero mírala, vestida con el traje de Katniss resultan ser prácticamente idénticas. -No estoy del todo de acuerdo con Octavia. Es cierto que me parezco mucho a mi madre, pero no somo iguales, ella tiene una expresión distinta en los ojos, como si estuvieran sumergidos en una constante pena. Sus facciones son más angulosas que las mías, yo soy ya algunos centímetros más alta que ella y no estoy tan delgada. Y luego está la evidente diferencia, la que todo el mundo nota: mis ojos no son de ese tono gris tan usual de la Veta, sino de un azul turquesa, como los de mi padre.

-Estás genial, Leslie. -Sentencia Flavius.- Debríamos llamar a Fulvia para que te eche un vistazo. Octavia, ¿te importa ir a buscarla?

 

-¿Seguro que deberías entrenar? Te recuerdo que tu nariz está rota.

-No entiendo qué tiene que ver la nariz para lo que estamos haciendo. -Finnick y yo nos encontramos en la Sala de Entrenamiento con Angelina, Jeff y Kyle, esperando a que nos llegue el turno de recorrer el circuito de obstáculos que la Teniente Farrow y el Sargento Backus han preparado para nosotros.- Además, será mejor que esté en forma para cuando vaya a la guerra, ¿no?

-¿Cuándo te irás?- Me pregunta Angelina.

-Ni idea. Ni si quiera nos han dicho en qué consistirá nuestra misión.

-Espero que no sea antes del mes que viene, así yo también podré ir.

-¿Y qué clase de ayuda puedes aportar tú en el campo de batalla, Angelina? -Bromea Jeff, mostrándola una adorable sonrisa.

-Yo no perdí en el combate cuerpo a cuerpo. -Le responde ella, alzando una ceja.

-No fue mi culpa. Finnick hizo trampas.

-Sabes perfectamente que eso es mentira. -Se une él.- Te gané limpiamente, es más, de haberlo querido te hubiera tumbado desde el principio, solo quería darle algo de emoción. -Todos reímos. Estoy feliz de haberlos conocido, así que intento disfrutar al máximo ya que, a pesar de haberlos conocido hace poco, son lo más parecido que he tenido nunca a unos amigos. Además, Kyle y Jeff también irán a la guerra, y Angelina cuando cumpla los quince, así que procuro aprovechar al máximo estos momentos en los que todos somos felices.

-Avner. -Nombra la Teniente Farrow, y Jeff se prepara para abordar el circuito.

Cuando la entrenadora da la señar, Jeff sale corriendo y atraviesta con facilidad en camino de ruedas que han colocado en el suelo. Después, se arrastra por debajo de una red, trepa por una cuerda hasta llegar al otro lado de un muro, derriba a las siluetas enemigas de cartón y escala una red. Cuando llega al final del circuito, todos estamos seguros de que ha conseguido uno de los mejores tiempos hasta ahora.

Uno a uno, mis compañeros van superando el circuito, atascándose sobre todo en las partes de escalada, donde yo no tendré problema. Cuando por fin la entrenadora grita mi nombre, me coloco en la salida y me preparo para empezar. La parte de las ruedas no es excesivamente difícil, aunque hay un momento en el que casi tropiezo. Me arrastro hasta el final de la red con bastante facilidad y llego a la cuerda. Es más difícil que trepar árboles, pero no tardo ni diez segundos en llegar a la parte de arriba y saltar al otro lado del muro. Las siluetas enemigas las derribo todas de un disparo (resulto ser bastante buena con el fusil) y la red tampoco me resulta demasiado complicada.

-Mellark, 25'02 segundos, no está nada mal. -Anuncia la Teniente Farrow. Estoy contenta, he superado a Kyle y Angelina, aunque Jeff y Finnick han sido más rápidos.

 

Y así pasan los días, y más tarde, las semanas. Asisto a clase de estrategia cada día durante dos horas, y a entrenamiento, durante siete. También me reclaman en mando dos o tres veces a la semana para preparar mis apariciones en público, ahora que me han quitado el yeso de la nariz, mi aspecto con el traje parece mucho más mortífero, aunque no he tenido ocasión de enseñárselo a nadie que no fueran mis estilistas, Fulvia, Haymitch o Plutarch. Me hubieran llamado más veces, pero mi madre insistía en que lo más importante era mi entrenamiento. Yo intento concentrarme al máximo, tanto con las clases como entrenando y, al cabo de unas semanas, me convierto en una de las más avanzadas de mi curso, junto con Jeff y Finnick, que siguen siendo el orgullo de todos los instructores. Como si las siete horas diarias no fueran suficiente, mi madre me obliga a practicar en el campo de tiro cada vez que tengo tiempo. Esos pocos minutos me sirven para relajarme, puede que los objetivos no sean más que siluetas enemigas y que no estemos rodeadas de árboles, disfrutando del puro aroma a bosque, pero disparar con mi madre siempre me ha ayudado a evadirme, por raro que parezca. Todo esto, hace que mi tiempo libre se reduzca hasta casi desaparecer por completo, y prácticamente no hablo con Finnick en ningún momento que no sea durante los entrenamientos o las comidas, lo que me fastidia bastante, ya que ambos iremos a la guerra dentro de poco y me gustaría pasar muchísimo más tiempo con él. También echo de menos a River, aunque al menos a él, puedo dedicarle la hora diaria de reflexión. Respecto a mis padres, todo sigue más o menos igual, aunque ya no paso tanto tiempo con mi padre como me gustaría. También he estado pensando bastante en la razón por la que está Gale aquí aunque, afortunadamente, mis preguntas no tardaron demasiado en responderse ya que mi madré me lo confesó todo dos días después de su aparición. Durante la reunión de la que me expulsaron, estuvieron discutiendo a cerca de que Gale se conviertiera en el jefe de escuadrón en el que me colocarían a mí, mi madre no estuvo de acuerdo y tuvo una gran disputa con Haymitch (hasta el punto de dejar de hablarle durante tres días) ya que ella no estaba dispuesta a ''dejar mi vida es sus manos''. Finalmente todo se arregló y mi madre ya se habla con Haymitch, aunque yo no he vuelto a tener noticias sobre Gale o el escuadrón en el que me colocarán.

El tiempo avanza rutinaria mente hasta que una tarde me reclaman en mando, nada fuera de lo común. Lo raro es que cuando llego allí, me encuentro con personas a las que no espero ver: Angelina, Kyle, Jeff, Finnick, Gale y otros dos hombres de unos cuarenta años a los que no conozco, además de las habituales caras de Haymitch, Plutarch, Fulvia y mi madre. Tomo asiento en el único sitio libre que queda, entre Haymitch y Kyle. Miro de reojo a Finnick, que está a tres asientos de mí, y a mi madre, a la que tengo justo en frente.

-Bien, ya estamos todos. -Nos recibe Fulvia.- Hoy os comunicaremos vuestra misión en la guerra. Partiréis dentro de dos días, y seréis llevados al Distrito 6, donde tendréis que rescatar a Redmond, uno de nuestros espías que, al parecer, escuchó una conversación de vital importancia justo antes de ser capturado por los rebeldes.

-¿Para qué necesitas que vayamos tantas personas? Al fin y al cabo, es una misión de rescate. -Pregunta uno de los hombres que no conozco.

-Que sea una misión de rescate no quiere decir que más fácil que tender una emboscada o cualquier otra cosa. Más bien todo lo contrario. -Contesta Haymitch.

-Exacto. No debéis subestimar la misión, ya que los rebeldes tienen retenido a Redmond en el Edificio de Justicia y le han puesto mucha vigilancia. Sospechamos que le mantienen con vida para sacarle información. -Añade Plutcharch.- Hemos pensado que lo mejor es que dos de vosotros les observéis durante un par de días antes de entrar en acción, fijándoos en todos los detalles que os puedan ser útiles, como los cambios de guardia. Los demás podréis ayudar al resto de las tropas a resistir al ataque rebelde, no queremos que os arriesguéis a perder a un miembro del escuadrón antes de tiempo, pero no estará de más si os cargáis a unos cuantos rebeldes. Katniss y Less grabarán algunas propos con el equipo de grabación mientras todo esto ocurre. ¿Alguna pregunta?

-Sí. -Interviene el otro hombre.- Si la misión es tan complicada como decís, ¿por qué enviáis un a grupo de críos en vez a militares más experimentados?

-El escuadrón 682 está formado por gente con talento para la estrategia, escurridiza y fuerte al mismo tiempo, y estos ''críos'' son los mejores de su curso. -Me paro a pensar en la respuesta de Haymitch. Es verdad que somos los mejores de nuestro curso, puede que sin contar a Alice, pero no creo que confíen demasiado en ella. Definitivamente sí, encajamos con la definición de Haymitch.

-No lo niego, pero pienso que sería mejor si envíais a un grupo formado por gente como Hawthorne, Harries o yo, que llevamos años dedicándonos a esto.

-Lástima que no seas tú el que toma esas decisiones. -Sentencia Fulvia.- Si no hay más preguntas, podéis iros, pero recordad que pasado mañana nos reuniremos aquí a las cinco de la mañana. Hasta entonces, tenéis permiso para faltar a los entrenamientos.

Todos nos levantamos y salimos de la sala. La mayoría avanza muy deprisa, pero yo no tengo prisa, así que me quedo atrás hasta que Finnick me alcanza.

-Bueno, por fin llegó el momento, ¿no? -En su tono de voz no hay ni la más mínima muestra de entusiasmo.

-Supongo. -Le contesto, también algo preocupada.

-Tendría que ir a hablar con mi madre. No había conseguido hacerse a la idea de que fuera a luchar a la guerra, y ahora que el día está tan cerca... No sé que tal se lo tomará.

-Buena suerte, entonces.

-Sí, gracias. La necesitaré. -Me lanza una última mirada antes de perderse en el largo pasillo. Justo cuando la silueta de Finnick dobla la esquina, aparece mi madre.

-Llegó la hora. Creo que deberíamos hablar con papá y River, ya es hora de que tu hermano sepa lo que está pasando.

-Vale. -Intento sonar indiferente, pero mi madre es la persona que mejor me conoce en todo el mundo y no pasa ni un segundo antes de que se dé cuenta de que no estoy bien.

-Leslie, sé que que es duro. Sabes que no tienes que hacer esto.

-Sí, tengo que hacerlo. Decepcionaré a todo el mundo si no lo hago. -Ella me mira a los ojos y frunce los labios hasta que no son más que una fina línea.

-Sé que lo harás, eres demasiado valiente para abandonar. Solo prométeme una cosa: hazlo por ti, no por los demás.

-No decidí aceptar pensando en los demás.

-Entonces, ¿qué te pasa? -Dudo un poco antes de contestar.

-Llevo semanas esperando este momento, y ahora que lo tengo a la vuelta de la esquina... Tengo miedo. -Mi madre me abraza fuertemente y apoya su barbilla en mi hombro.

-Es normal, pero te prometo que no te pasará nada. Estaré a tu lado, Less.

-Eso es precisamente de lo que tengo miedo. No quiero que la gente muera por mí.-Vuelve a fruncir los labios, esta vez el gesto va acompañado de una mirada de preocupación. En caso de que sea necesario, mi madre es una de las personas que no dudaría en dar su vida por mí.

-No pienses en eso. -Me dice al fin.- Ya son más de las seis, no querrás perderte la hora de reflexión.

El camino a nuestro compartimento transcurre en silencio, y cuando llegamos, ambas nos tomamos un par de segundos para respirar hondo antes de abrir la puerta. La imagen de mi padre y mi hermano sentados en el suelo y jugando alegremente me golpea en la cara como si fuera una bofetada. No por el hecho de que lo estén pasando bien, sino porque puede que sea una de las últimas oportunidades que tenga para verlos así. Mi primera reacción es sentarme rápidamente junto a River, él no parece darse cuenta de que no estoy pasando unos mis mejores momentos, pero mi padre si lo hace y mira a mi madre buscando una respuesta, ella niega con la cabeza y se une a nosotros, no sin antes darle un corto beso a mi padre. Pasamos unos cuantos minutos jugando en familia durante los cuales todos fingimos no darnos cuenta de la evidente rigidez del ambiente, hasta el punto de que hasta River se percata de la gran cantidad de tensión.

-¿Qué os pasa a todos? ¿Estáis tristes? -Mis padres se miran entre ellos, probablemente pensando en si decirle ya a River lo que está pasando. Finalmente, es mi madre la que contesta, abrazando a mi hermano por los hombros.

-Verás, cariño, hay una razón por la que nos hemos mudado aquí tan rápido. -Se toma unos segundos antes de continuar.- Ahí fuera hay una guerra, pero no te preocupes, aquí estamos todos a salvo.

-¿Una guerra? Pero esta vez no vas a luchar tú, ¿verdad?

-River, te prometo que no me pasará nada.

-Pero no puedes ir. Ya fuiste la otra vez.

-Lo sé, cielo, pero no puedo hacer nada. Estaré aquí antes de que te des cuenta.

-Mamá, yo no quiero que te vayas. -La última palabra la pronuncia con lágrimas en los ojos, lo que hace que a mí también me den ganas de echarme a llorar. Mis padres parecen compartir mis sentimientos, aunque los ocultan mejor que yo. Mi madre le da un beso en la frente y le muestra una sonrisa triste.

-Serán solo unos días, además, Less me acompañará. Nos cuidaremos la una a la otra.

-¿Less también va? -Asiento.

-Sí pero no tienes que preocuparte. Tú te quedarás aquí con papá y Haymitch, seguro que os lo pasáis en grande.

 

Durante la cena reina un ambiente de tristeza. No solo River está triste, sino que a Annie se la ve francamente mal. Interrogo a Finnick con la mirada, queriendo saber qué tal le ha ido con su madre, aunque sin obtener respuesta clara, ya que él se encoge de hombros mientras marea su puré de verduras con la cuchara. Le cojo la mano que tiene apoyada encima de la mesa para transmitirle seguridad, aunque no creo que haya funcionado, ya que la mano me tiembla demasiado. Dedico el resto de la cena a pensar cómo se habrán tomado la noticia las familas de mis amigos. Jeff no tiene padres, su única familia es su hermana pequeña, que tiene más o menos la edad de River, así que no tengo ni idea de qué pasará con esa niña cuando Jeff se marche. Angelina ya había avisado a su madre y a su abuela de que quería luchar, pero pienso que para una madre es igual de duro ver a tu hija marchar a la guerra, tanto si te ha avisado antes como si no. Kyle, por su parte, no había dicho nada a sus padres ni a su tío, es hijo único, lo que, supongo, empeora las cosas.

A la hora de regresar a nuestros respectivos compartimentos, ni si quiera me despido de Finnick. Lo único que quiero es darme una ducha rápida y meterme a la cama lo antes posible. Después de ducharme, peinarme y lavarme los dientes, me acuesto con la enorme camiseta gris como pijama e intento conciliar el sueño, pero me es imposible, ya que lo único en lo que puedo pensar es en que mañana será mi último día en el Distrito 13 antes de adentrarme en una guerra de la que no estoy segura de que vaya a salir.

domingo, 17 de marzo de 2013

CAPÍTULO 11.
 

La sala de mando es una sala de unos diez metros cuadrados, muy oscura, y con muchos aparatos llenos de lucecitas. Al fondo hay una gran pantalla que ocupa toda la pared y que, ahora mismo, muestra un mapa de Panem en el que se marca el avance rebelde y la resistencia de nuestras tropas. En el centro hay una mesa grande con doce sillas y con más luces y hologramas que salen de ella. Tomo asiento entre Haymitch y Finnick y le agarro la mano por debajo de la mesa. Él me la estrecha, lo que me provoca un grandísimo alivio.

-Bien, ya estamos todos. -Comienza Plutarch con su acostumbrada exagerada sonrisa.

-¿De qué va esto, Plutarch? -Interrumpe mi madre, bastante impertinente.

-¿Perdón?

-Te estoy preguntando que a qué viene todo esto. Primero decís que Leslie no tendrá que ir a la guerra, y ahora nos reunís a todos para decirnos que quereis sacarla al campo de batalla.

-Bueno, Katniss, sé que puede resultar duro, pero tal y como están las cosas...

-¡Me da igual como estén las cosas ahí fuera! Estamos hablando de una niña de catorce años que no tiene la más mínima experiencia en situaciones como esta. Además es menor de edad y soy yo la que decide si va o no, porque, por si no habíais dado cuenta, es mi hija.

-Lo sabemos pero... Bueno, será mejor que veas tú misma a lo que nos enfrentamos. -Plutarch pulsa un botón que hay delante suya y unas pantallas salen delante de cada silla. Por el rabillo del ojo, soy capaz de ver a mi padre susurrando a mi madre, tranquilizándola.

Cuando las pantallas se encienden aparecen unas imágenes del Distrito 4 antes del último bombardeo. Noto como la mano de Finnick se tensa entre la mía y yo le doy un fuerte apretón. Entonces aparece él, siendo derribado por el hombre calvo al que maté. La periodista que narra los hechos identifica a Finnick diciendo que es hijo de Finnick Odair y su mujer (no muy cuerda) Annie, ambos vencedores del Distrito 4. De repente las cámaras dejan de enfocar al hombre tratando de matar a Finnick y se centran en la pila de escombros en la que yo estaba escondida. Aumentan la imagen y soy capaz de distinguir con precisión como me pongo en pie y disparo una flecha al cráneo del hombre. Después, salgo corriendo en busca de Finnick y nos enfocan llendo al hospital. La imagen cambia totalmente y una periodista aparece, explicando a los expectadores los sucesos que acaban de ver.

''-En efecto, el chico pelirrojo que ha estado a punto de ser asesinado por aquel rebelde es nada menos que Finnick Odair Jr. y la chica que dispara desde un rincón alejado es Leslie Primrose Mellark. Hemos visto claramente como la hija del Sinsajo ha sido capaz de salvar una vida a su corta edad, eso nos hace preguntarnos: ¿Seguirá los pasos de su madre? ¿Estamos ante el nuevo rostro de la rebelión? Les informaremos sobre cosas como esta y más en cuanto nos sea posible.''

La pantalla se queda en negro, durante unos segundos nadie dice nada hasta que Haymitch rompe el silencio.

-¿Ahora entiendes por qué necesitamos a Less, preciosa? -Dice dirigiéndose a mi madre.

-Sigo sin comprenderlo, que estuviera allí no quiere decir que tenga que convertirse en el Sinsajo.

-¡Katniss! -Hamitch se pone en pie y señala el mapa del fondo.- ¿No te das cuenta de todo lo que han avanzado nuestras tropas desde que se emitió la grabación? Leslie les ha dado lo mismo que les diste tu hace quince años: esperanza.

-¿Por qué? Ella no es famosa, no es una asesina, Haymitch. Yo sí.

-Dijiste que no estarías dispuesta a asumir el cargo de nuevo, ¿recuerdas?

-Por supuesto que sí, pero lo asumiré si con eso evito que mi hija vaya a la guerra.

-Lástima que ya no nos sirva. -Interrumpe Plutarch.- Pensamos que la chica puede darnos mejores resultados que tú. Es cierto que Leslie no tiene mucha experiencia pero la paz que conseguiste hace quince años ha sido tan efímera que muchas personas te culpan de lo ocurrido, por eso creemos que tu hija es la mejor baza para ganar esta guerra.

-¿Y si me niego?

-¿No lo entiendes, Katniss? -Vuelve a gritar Haymitch.- Hace quince años fuiste tú el Sinsajo. Less es tu hija y ahora le toca a ella ser el rostro que salve a la nación.

-Pero es que ella...

-No puedes hacer nada, es su destino.

-Creo que debería de ser yo la que decido, al fin y al cabo, es mi vida. -Intervengo.

-Tienes razón. ¿Qué opinas?

-Opino que tengo que pensarlo.

-Less, tanto si aceptas como si no tenemos que empezar a trabajar cuanto antes...

-Tienes hasta mañana después del desayuno. -Le interrupe Plutarch.

Después de eso, todo el mundo se levanta y, aunque la mayoría sale de la sala, mis padres se dirigen a Plutarch, enfadados. Intento rezagarme para poder espiarles y oir lo que dicen, pero Finnick me coge del brazo, me saca de la sala, y me lleva detrás de unas tuberías que hay en el pasillo.

-Finnick...

-Te dije que me quedaría aquí por ti. Abandoné mi venganza, Less, y ahora eres tú la que vas a luchar.

-Aun no he dicho que vaya a luchar.

-Pero lo harás. Less, por favor, quédate.

-No sé lo que voy a hacer, Finnick. De verdad que no lo sé.

-Haré cualquier cosa, lo que quieras, pero no te metas en esto.

-Tú estuviste apunto de hacerlo.

-Como soldado, no como ''Rostro de la Reblión''.

-Yo no soy ningún rostro de rebelión.

-Pero la gente lo cree, Less. -Me sujeta por los hombros mirándome a los ojos seriamente, con su mirada bañada en lágrimas que no quieren ser derramadas.- Mira, si aceptas, los rebeldes irán a por ti, serás su objetivo.

-Mi madre también lo fue y se escapó.

-¿Durante cuánto tiempo? ¿Quince años? Ahora todo ha empeorado. Less, te lo suplico. -Finalmente, una lágrima desciende por su pómulo derecho.- Eternamente, ¿recuerdas?

Me lanzo a sus brazos y le abrazo como si nunca más volviera a verle. Tampoco puedo evitar dejar escapar un par de lágrimas ni él dejar de contener las suyas. Siento como solloza, con la frente apoyada en mi hombro.

-¿No te das cuenta, Less, de que si te pasa algo yo me muero?

-No va a pasarme nada, Finn.

-No, claro que no. No va a pasarte nada porque estaré contigo. -Me separo unos centímetros de él, hago que me mire a los ojos, le seco las lágrimas y le beso.

Besarle me reconforta, y a él parece que también porque le noto más tranquilo. Los dos sabemos que mi decisión está prácticamente tomada, pero también sabemos que nos tendremos el uno al otro para guardarnos las espaldas y, ciertamente, me alivia saber que él vendrá conmigo.

 

Durante la comida a penas hablo con nadie. Vuelvo a sentarme en la esquina del banco e intento ignorar las continuas miradas de mi madre. No ha querido hablar conmigo aun porque River está delante, pero estoy segura de que lo hará en cuanto tenga oportunidad. Cuando me termino mi ración de una especie de puré de pescado muy gelationoso y de muy mal sabor, me levanto y dejo la bandeja y los cubiertos en su sitio. Como esperaba, mi madre me aborda y me aparta de la multitud.

-Less, escúchame. No vayas.

-Mamá...

-No, te están utilizando, como hicieron conmigo. Si aceptas toda la gente a la que quieres sufrirá muchísimo.

-Ya pero... ¿Y si Haymitch tiene razón? Quiero decir, lo que han estado explicando... Tiene sentido, mamá. ¿Y si mi destino es luchar en la guerra?

-Tu único destino es el que te marcas tú misma. -Hago una mueca extraña. No quiero que mi madre lo pase mal, pero sé que mi deber es ir a la guerra. Al parecer, ella entiende lo que quiere decir y asiente con tristeza.- Si vas a luchar, Less, quiero que lo des todo en los estrenamientos, ¿me entiendes? Tienes que esforzarte al máximo para ir lo más preparada posible. Mírame, yo estaré contigo. Hablaré con Haymitch, o con Plutarch, les diré que me pongan en tu mismo pelotón y te guardaré las espaldas, pero en la guerra tienes que saber cuidarte tu misma, por eso quiero que te dejes la piel en los entrenamientos.

-Por supuesto. -Doy a mi madre un fuerte abrazo y me dirijo al pasillo, donde Finnick lleva ya unos minutos esperándome.

Al igual que con las clases, los entrenamientos y las clases de estrategia están repartidos en distintos cursos, de manera que los alumnos estén agrupados por edades. Mi grupo es el primero de todos, el de los alumnos de catorce y quince años, con lo cual, esta vez iré con Finnick.

El aula donde tengo que asistir para la clase de estrategia está solo cinco plantas por debajo del suelo, así que Finnick y yo no tardamos más de cinco minutos en llegar. Por suerte, el Coronel Boothe no es tan antipático como la profesora que tengo en el resto de las clases y, aunque sea un miembro del ejército, no es demasiado estricto. Las lecciones las encuentro bastante interesantes y, tal y como le prometí a mi madre, intento no perder la concentración ni un segundo, tomando apuntes, preguntando dudas y participando en todo lo que puedo. Las dos horas y media de clase pasan rápidamente y cuando el Coronel Boothe anuncia que hemos terminado por hoy tengo la sensación de que solo han pasado unos cuantos minutos.

Para llegar a la Sala de Entrenamiento tenemos que descender unas veinticinco plantas en el ascensor hasta encontrarnos con un pasillo muy corto y estrecho que solo tiene una puerta gris al fondo. La abrimos y tanto él como yo nos quedamos alucinados por lo grande que es la habitación en la que nos encontramos.

La sala tiene una parte cubierta por colchonetas, y otro espacio algo más pequeño que intenta imitar el suelo de un bosque. El resto contiene circuitos de obstáculos, campos de tiro y armas de todo tipo colgadas en una de las paredes. Finnick y yo nos acercamos a la que suponemos que es la instructora. Después de darnos la bienvenida y presentarse como la Teniente Farrow, nos indica que tenemos que cambiarnos en los vestuarios que hay al fondo de la sala, que encontraremos unas bolsas con nuestros nombres.

Finnick y yo entramos en los vestuarios y, tal y como ha dicho la entrenadora, dos bolsas con las etiquetas ''ODAIR'' y ''MELLARK'' descansan sobre los bancos. Me quito mis incómodos zapatos negros y los pantalones grises para dejar paso a unos pantalones similares en color pero muchísimo más cómodos, de mi talla, más anchos, y llenos de bolsillos. Me deshago de mi enorme camiseta gris para cambiarla por una negra de manga corta que, afortunadamente, es de mi talla. Finalmente me calzo unas botas militares de color negras que, aunque algo pesadas, me resultan más cómodas que mi anterior calzado. También nos han dejado una chaqueta de color gris oscuro, pero decido guardarla con el resto de mi ropa ya que aquí abajo no hace nada de frío. Me giro para mirar a Finnick y, como esperaba, el uniforme le queda genial.

-Esta ropa no puede compararse a la anterior, ¿verdad? -Me dice.

-Para nada, espero que nos dejen llevarla normalmente para no tener que volver a ponerme la otra. -Reímos.

-¿Lista?

-Lista. -Y salimos de los vestuarios, dispuestos a esforzarnos al máximo en los entrenamientos.

Cuando nos reunimos con el resto de compañeros, nos acercamos a saludar a Angelina y la instructora nos manda hacer una serie de calentamientos antes de empezar a correr. Corremos durante diez minutos y después nos colocamos en semicírculo alrededor de la entrenadora.

-Muy bien, soldados. Ahora practicaremos con las armas de fuego, ¿alguien aquí ha disparado con una alguna vez? -Finnick y otras seis personas más levantan la mano.- Bien, entonces vosotros cogereis un rifle de asalto y practicareis en el campo de tiro con el Sargento Backus. El resto venid conmigo.

El resto de la clase seguimos a la Teniente Farrow hasta una esquina de la sala donde hay una mesa repleta de armas cortas totalmente desmontadas.

-Ahora os enseñare a montarla. Luego podreis disparar un cartucho y veremos que tal se os da. -Dicho esto monta una pistola y nos deja vía libre para que lo intentemos nosotros.

Al principio me cuesta un poco, ya que también tenemos que limpiar una por una todas las piezas antes de unirlas, pero finalmente consigo terminar de montar mi arma en apenas diez minutos. Soy de las primeras en terminar, así que ayudo a Angelina con la suya y después esperamos a que todos terminen, cuando esto ocurre, la entrenadora nos lleva a un pequeño campo de tiro donde nos va llamando por orden para que disparemos nuestros cartuchos. Cuando llega mi turno, consigo acertar cinco de las siete balas, ya que en los dos primeros disparos, el retroceso del arma hizo que me temblara la mano.

Después de disparar, nos reunimos con el grupo de Finnick en la zona de colchonetas para practicar el combate cuerpo a cuerpo, algo que, sinceramente, temo. No soy una chica demasiado alta ni demasiado fuerte, tampoco estoy muy delgada, pero al menos la mitad de las chicas y todos los chicos son más grandes que yo.

-¿Has hecho esto antes? -Le pregunto a Angelina.

-Oh sí. Practicamos unas tres veces a la semana. -Ella parece reconocer el toque de pánico en mi cara.- Pero no te preocupes, la Teniente Farrow nunca deja que lleguemos a hacernos daño realmete.

-Genial. -Digo irónicamente por lo bajo.

La Teniente Farrow nos pone por parejas acorde a nuestra constitución física. A mi me toca con una chica un pelín más bajita que yo pero de corpulencia similar llamada Alice. Habla muy poco y no parece ser de las personas a las que les gusta hacer amigos, así que ninguna hablamos mientras esperamos a que llegue nuestro turno.

Los chicos están peleando a unos cinco metros de nosotras con el Sargento Backus como instructor, aunque no me fijo demasiado ya que Angelina está ahora peleando con otra chica. Para mi sorpresa, Angelina es realmente buena en el cuerpo a cuerpo. Ella es, sin duda, la más delgada de la clase pero de momento no la ha ganado nadie. Cuando derriba a su tercera oponente, la Teniente Farrow dice que ya está bien y llama a otra pareja de chicas.

-Eres muy buena. -La felicito.

-Gracias, aunque tampoco tanto. Esas chicas con las que he peleado no son precisamente enormes, ¿no crees?

-Puede que no pero aun así has estado genial. -Ella me sonríe y se aparta el pelo de la cara.

Entonces oigo al Sargento Backus llamar a Finnick y a un tal Avner, así que me giro para observarlos. Avner es un tipo alto y musculoso, algo más que Finnick. Su piel es bastante pálida aunque su pelo y sus ojos son de un marrón muy oscuro. Cuando Backus da la señal para que empiecen a pelear, Avner se avalanza sobre Finnick a tal velocidad que pienso que realmente quiere matarlo, aunque Finnick también es rápido y logra esquivarlo sin demaiada dificultad, pero Avner recupera la posición rápidamente y consigue sujetar a Finnick por las axilas. Este intenta escaparse, pegando patadas al aire, pero Avner le levanta y le tira contra el suelo, donde Finnick rueda y pega una patada en la espinilla de su enemigo, haciendo que pierda el equilibrio. Aprovechando este segundo de debilidad, Finnick se levanta, coge a Avner por el cuello y consigue tirarle al suelo, inmovilizándole. El Sargento Backus ordena que paren justo cuando mi instructura nos llama a Alice y a mí.

Una vez estoy en la colchoneta, frente a frente contra Alice, y con más de diez personas mirándome, mi miedo al combate cuerpo a cuerpo crece bastante. Angelina me muestra un pulgar, deseándome buena suerte, Finnick asiente sonriendo y la Teniente Farrow da la señal que da comienzo a el combate.

Alice se avalanza contra mí tan fuerte que me tira al suelo de un golpe. Me siento muy avegonzada ya que ningún combate a durado tan poco, pero la entrenadora no ha mandado separarnos así que me levanto y ahora soy yo la que ataco a Alice. Consigue esquivar mi golpe y me suelta un puñetazo en la cara con tanta fuerza que me pregunto como la Teniente Farrow no ha parado ya el combate. Consigo agarrar a mi enemiga por el cuello y la levanto, ya no me importa hacerla daño o no, pero ella me da un codazo en el estómago, haciendo que la suelte. Aprovecho que está en el suelo para ponerme encima suya, intentando inmovilizarla de la misma manera que hico Finick con Avner, pero Alice me coge por los hombros y rodamos, de manera que ahora es ella la que está encima mía. Forcejeamos durante unos segundos hasta que, finalmente, se las arregla para mantenarme las manos pegadas al suelo, evitando así que pueda hacer ningún otro movimiento. Aun así yo no me rindo así que sacudo mis piernas todo lo que puedo, Alice intenta inmovilizarme, yo la agarro del pelo y ella me araña los brazos. La Teniente Farrow grita que ya es suficiente pero nosotras no paramos de pelear, así que ella y el Sargento Backus tienen que intervenir. Cuando logran separarnos, aun tengo unos mechones de pelo negro entre mis dedos. Me ordenan que vaya a la enfermería, ya que al parecer, estoy sangrando por la nariz y por algunos de los arañazos que me ha hecho Alice. La echo un último vistazo, ella no parece tener heridas ni nada por el estilo, aunque espero que, al menos, haya conseguido que la salgan un par de moratones.

Salgo de la Sala de Entrenamiento y aprieto el botón del ascensor. Cuando llego a las puertas del hospital, me encuentro con mi abuela, vestida con ropas blancas.

-Leslie, cariño, ¿qué te ha pasado? -Me pregunta sosteniéndome la cara y examinando mi nariz.

-Problemas en el entrenamiento, nada importante.

-Mmm... Puede que te hayas roto la nariz. Ven conmigo. -Sigo a mi abuela hasta una camilla vacía, donde hace que me siente y se pone a mirarme la nariz más detenidamente. Unos minutos más tarde levanta la vista de mi nariz y me mira a los ojos. -Has tenido suerte, no está del todo rota, pero será mejor que te ponga un poco de yeso, ¿de acuerdo? Solo para enderezártela. Y respecto a los arañazos, no son más que superficiales. Te aconsejo que te tumbes, tendrás que tener la cabeza en alto durante un tiempo. -Me tubo con la cabeza mirando al techo y mi abuela me coloca una tira de yeso en la nariz, que sujeta con algodón, una venda y un par de esparadrapos que van pegados en los pómulos.- Quédate así unos minutos, no te muevas.

 

Cuando vuelvo a mi compartimento, con la nariz rota y los brazos llenos de arañazos, mis padres y River ya están ahí para las ''18:00- Reflexión''.

-Less, ¿qué ha ocurrido? -Se apresura mi madre en cuanto me ve.

-Cosas del entrenamiento, mamá.

-¿Eso te lo has hecho entrenando?

-Sí. No soy muy buena en el combate cuerpo a cuerpo.

-Pensé que los instructores no dejaban a los alumnos llegar tan lejos.

-Yo también lo pensaba. -Admito.

Le cuento a mis padres qué tal me ha ido el día, las clases de estrategia, el entrenamiento, y la pelea con Alice. Ellos me escuchan sin interrumpir, hasta que mi madre añade preocupada:

-Sigues queriendo ir, ¿verdad? -No menciona el lugar exacto ya que River está en la habitación, aunque yo la entiendo perfectamente.

-Sí.

-¿No hay nada que pueda hacer para convencerte?

-No. -River se une a la conversación, al parecer, ha estado escuchando todo el tiempo.

-¿Para qué te entrenas, Less?

-Para nada en concreto, es un entrenamiento obligatorio. -Miento.

-¿Y por qué no te escapas? En casa nunca ibas al colegio. -Suelto una risita.

-Aquí no puedo escaparme, lo he intentado pero...

-¿Y por qué yo no tengo que entrenar?

-Porque eres un enano. -Me río, el también sonríe y con eso acaba la conversación.

Después de muchas súplicas por parte de mi hermano, mis padres y yo aceptamos a jugar con él el tiempo que queda de reflexión, al fin y al cabo, River no tiene la culpa de todo lo que está pasando.

Cuando salimos del compartimento para cenar, aun llevo puesta la ropa del entrenamiento y la nariz me sigue doliendo. En el comedor me encuentro con Finnick, también vestido de militar, y nos vamos juntos a coger la comida.

-¿Qué tal tu nariz?

-Sigue doliendo.

-¿Te la ha roto?

-Según mi abuela, no del todo. -En ese momento, cuando nos dirigimos a nuestra mesa de siempre, aparece Angelina.

-¿Cómo va tu nariz, Less?

-La tengo casi rota.

-Vaya, que pena. Esa Alice siempre está causando problemas.

-¿Ya ha pasado esto más veces?

-Sí, bueno, no es la primera vez, la verdad. Por cierto, ¿os apetece comer con nosotros? También está Jeff. -Finnick me mira y yo me encojo de hombros, después mira a Anelina.

-Vale. -Contesta. Y la seguimos.

-¿Quién es Jeff? -Le pregunto a Finnick aprovechando que Angelina se ha adelatado.

-Jeff Avner, el chico que ha peleado conmigo. Es bastante simpático.

-¿En serio? Parecía querer matarte. -Se ríe.

-De eso se trata, ¿no? Era un combate, Less. -Me ruborizo un poco, parece ser que yo era la única que pensaba que no tendríamos que pelear de verdad.

Al llegar a la mesa, Finnick saluda a Jeff y al otro chico que está sentado a su lado.

-Chicos, esta es Less. -Me presenta Angelina.- Less, ellos son Jeff y Kyle. -Kyle es un chico más bajo que Jeff y Finnick, aunque sigue siendo fuerte y de espalda ancha. Tiene el pelo rubio y corto, peinado hacia arriba y los ojos de un azul muy oscuro. Les saludo con la mano y me siento.

-Buena pelea la tuya, Mellark. -Me dice Jeff mientras come su estofado de cordero.

-No hace falta que mientas, sé que ha sido horrible.

-De horrible nada. Probablemente ha sido la pelea más divertida que he visto en mucho tiempo.

-Me alegro que te haya divertido, pero yo tengo la nariz rota.

-Nada que no pueda arreglarse. La cara que se le quedó a Alice después de lo que le dijo Angelina fue para verla.

-¿Qué la dijiste? -Me giro hacia Angelina.

-Nada del otro mundo, la dije que se había pasado, que era tu primer día, ya está.

-No intentes ocultárselo. -Añade Kyle.- Se puso como una fiera, es más creo que incluso llegó a arrancarla otro par de mechones de pelo.

-No es verdad. -Se defiende ella.- No fue para tanto.

-Vaya que no, si el Sargento Backus tuvo que separaros. -Todos se ríen.

-¿Por qué me defendiste? -Pregunto a Angelina, ya que me parece raro, acabamos de conocernos.

-Porque no estuvo bien lo que hizo. Ya era hora de que alguien pusiera a esa chica en su sitio.

-Me dijiste que no es la primera vez que pasa algo así, ¿no?

-Bueno, sí es la primera nariz rota. -Dice Jeff. Angelina le ignora y sigue contándome.

-No. Alice ya ha causado más problemas, no solo en el cuerpo a cuerpo. -Se para un segundo y bebe un trago de agua.- Verás, toda su familia materna es del Capitolio, por eso no tiene amigos. Nadie se fía de ella.

-Que venga del Capitolio no quiere decir que no sea de fiar. -Razona Finnick.

-Lo sé, pero cuando llegó aquí no parecía estar muy de acuerdo en convertirse en soldado del 13. A los instructores tampoco les hace demasiada gracia tenerla como alumna, es más, creo que solo la aceptan porque son las reglas.

-Puede que no sea muy agradable, pero esos no son más que prejuicios. -Continúa Finnick.

-Al principio todos pensábamos eso pero, hace algunas semanas, la pillaron escondida en los vestuarios hablando con un transmisor. Todos creen que estaba pasando información a los rebeldes.

-¿Su familia no está aquí? -Pregunto.

-No. -Contesta Kyle.- Su padre es un agente de la paz nacido en el Distrito 2, le destinaron al Capitolio y creemos que allí conoció a su madre.

-Nuestra teoría es que ella estaba en el 2 cuando empezó la guerra y que la enviaron aquí para obtener y pasar información.

-¿Y qué información puede tener ella? No es más que otro soldado. -Las cosas siguen sin cuadrarme demasiado.

-No sabemos. Como ya hemos dicho, son solo teorías.

-Sí, pero aun así es sospechoso. -Sentencia Jeff.- Ha quedado demostrado que la gente del Capitolio no es de fiar.

-Sigo pensando que todo esto no tiene sentido. Tal vez la estais juzgando mal. -Insiste Finnick.

-Puede que sí, pero te recuerdo que Less no es la primera persona a la que ha herido.

-Eso es cierto, la semana pasada le rompió el brazo a Penny, ¿recuerdas? -Pregunta Kyle a Jeff.

-Sí. -Se mete a la boca otra cucharada de estofado.- Además, todo encaja, ¿no? Penny es la sobrina de la expresidenta Prior y Less es hija de Katniss Everdeen.

-Bueno, será mejor que dejemos el tema. -Termina Angelina.

Acabamos de comer y dejamos las bandejas donde corresponden. Finnick y yo nos despedimos del resto y quedamos en desayunar todos juntos mañana. Después me acompaña a mi compartimento.

-¿Crees que es verdad? -Me pregunta antes de que abra la puerta del compartimento.

-No lo sé. Puede ser.

-Bueno, hasta mañana.

-Buenas noches. -Me despido dandole un besito y entro en mi compartimento.

Mis padres y River ya han acabado de ducharse, así que se están preparando para acostarse. Yo me ducho, me seco con una de las toallas grises que han dejado en el pequeño cuarto de baño, me lavo los dientes y me meto en la cama con una de las enormes camisetas grises a modo de camisón.

 

La mañana siguiente todo transcurre con normalidad. Finncik y yo nos sentamos con Angelina, Kyle y Jeff en el desayuno y hablamos de temas sin importancia. Después, siguiendo lo que me indica mi horario, me dirijo a mando con mis padres, preparada para aceptar la misión de sustituir a mi madre como Sinsajo. Pero cuando llegamos encontramos la sala mucho más vacía de lo que estaba ayer. Solo Plutarcch, Haymitch y un hombre moreno nos esperan allí. El hombre está de espaldas, pero se gira cuando nos oye entrar. Y le reconozco al instante.

-Gale. -Susurra mi madre.
CAPÍTULO 10.

 

Finnick esta durmiendo a mi lado, yo lo he intentado, pero no he sido capaz ni siquiera de cerrar los ojos durante más de dos minutos seguidos. Estamos en una pequeña habitación del aerodeslizador en el que salimos del 4, camino del Distrito 13. A pesar de que intenté razonar con mi madre, esta no quiso arriesgarse a ponernos en peligro, y menos ahora que los rebeldes del Capitolio saben que estuvimos presentes durante el último bombardeo del 4, así que no quiso volver a nuestra casa en el Distrito 12. El viaje dura unas cinco horas y media, de las cuales Finnick ha pasado cinco durmiendo. Cuando subimos al aerodeslizador, estaba en un estado de shock y los médicos le aconsejaron dormir un poco. Al principio se resistió, pero cuando le dije que dormiríamos juntos cambió de opinión. A pesar de que no quiero molestarle, más de una vez he sentido la tentación de despertarle. Necesito hablar con él, decirle lo mal que lo he pasado durante todo este tiempo que hemos estado separados, pero no sería muy correcto despertar a una persona que acaba de ver su distrito quedar reducido a cenizas, traerle de nuevo a la realidad. Incapaz de aguantar un solo segundo más, me levanto y me doy una ducha en el pequeño baño que hay en la habitación. Al subir al aerodeslizador, un hombre vestido de gris nos dió ropa limpia, también de color gris, así que me pongo esa en vez de mi cómoda ropa de caza, que ha quedado hecha polvo. La camiseta me queda al menos dos tallas grandes, así que me meto en la cama sin pantalón, como si fuera un camisón. Al volver a acurrucarme sobre el pecho de Finnick, él se mueve un poco y no puedo evitar alegrarme pensando que por fin se despertará.

-Hola.

-Hola. -Le contesto dándole un besito en los labios.- Siento haberte despertado.

-No importa.

-¿Qué tal estás?

-Bueno. Teniendo en cuenta que acabo de ver el último trozo de mi distrito volar en pedazos, creo que estoy bastante bien. -Intenta sonreir, pero en lugar de eso le sale una mueca extraña.

-No te preocupes. Todo saldrá bien.

-Ya. Siempre hay que intentar ver el lado bueno, ahora estamos juntos.

-Sí. Y eso es lo que realmente importa. -Le abrazo todo lo fuerte que mis cansados brazos me permiten y noto como sus labios me susurran:

-Te quiero.

-Yo a ti también, Finn. Más de lo que serías capaz de imaginar. -Entonces vuelve a hacerlo, vuelve a acercarme hacia el sensualmente, como hace cada vez que me besa. Yo pongo mis manos en su cara y le devuelvo el beso apasionadamente. Empieza a acariciarme la espalda por debajo de mi holgada camiseta, y yo hago lo mismo con su pecho. Justo en ese momento la puerta se abre de golpe. Me giro bruscamente y me encuentro a mi madre parada en el marco de la puerta.

-Lo siento, no quería interrumpir. -Se disculpa. Aunque está bastante sorprendida, tanto, que hasta sacude la cabeza para volver a centrarse en lo que tenía que decirnos.- Solo venía a avisaros de que os deberíais ir vistiendo con la ropa que os han dado. Estamos a punto de aterrizar.

Finnick y yo nos permitimos pasar otro par de mintutos besándonos y acariciándonos. Luego me levanto y me pongo el pantalón de color gris, que también me queda suelto, aunque no tanto como la camiseta. La ropa de Finnick es idéntica a la mía, aunque la suya sí que parece ser de su talla. Cuando me dispongo a calzarme con mis botas de siempre, me doy cuenta que hay dos pares de zapatos negros a los pies de la cama.

-Supongo que también querrán que nos los pongamos. -Me dice Finnick mientras se calza el par más grande.

A diferencia de la ropa, los zapatos me quedan un poco pequeños, cosa que si sumamos a la gran cantidad de cansancio acumulado, me provoca un horrible dolor de pies. Cuando salimos de la habitación, nos vamos a la entrada del aerodeslizador, donde hay dos filas de asientos con cinturones para los aterrizajes y despegues. Me siento al lado de mi madre, que al igual que el resto también está vestida con las mismas ropas grises.

-¿Cómo es el 13, mamá?

-Subterráneo.

-¿No podremos salir?

-Tengo entendido que de momento no tienen ningún problema en dejar salir a la gente, pero no sé porqué me da la impresión de que con nuestra llegada aumentará el nivel de seguridad. -Me paro un segundo a pensar lo que acaba de decirme mi madre.

-Van a por ti, ¿verdad? -Asiente.

-Pero no te preocupes, estaré bien. Todos estaremos bien. -Mi madre intenta mostrarme una pequeña sonrisa, pero la resulta imposible ocultar la preocupación de su rostro. La sonrío yo también y cambio de tema.

-Van a tener que devolverme pronto mi ropa. Esta que me han dado me queda enorme. -Suelta una pequeña carcajada.

-Despídete de tu ropa, Less. Aquí todo el mundo tiene que ir vestido igual.

-Bueno, pues que me den una de mi talla, al menos.

-Ya vermos. Los habitantes del 13 son bastante estrictos respecto a este tema y no dejarán que te deshagas de nada hasta que ya nadie más pueda usarlo.

-¿River está allí?

-Sí, se ha quedado con Haymich.

-¿Y qué hace él allí? Pensaba que seguía en el 12.

-Vino cuando salimos a buscarte, creo que Plutarch y el resto están preparando alguna estrategia y seguramente le habrán llamado. -Nos quedamos en silencio hasta que, tras unos minutos de espera, el aerodeslizador empieza a aterrizar.

Dedico a Finnick una mirada de complicidad y el me responde con una sonrisa triste. Es evidente que no puede disimular lo afectado que está después de haber visto su distrito convertirse en cenizas, aunque tampoco espero que lo haga.

Una vez abajo, nos encontramos con Haymitch, que me lanza una mirada rencorosa y feliz al mismo tiempo.

-Peeta, Katniss, os reclaman en mando. Creo que Annie y el crío también deberían venir.

-¿Yo? -Pregunta Finnick incrédulo.

-¿Acaso hay algún otro crío cerca? -Finnick le dedica una mirada de desacuerdo y sigue a Haymich por dentro de un edificio que, al menos en la superficie, no tiene más de dos plantas de altura. Mis padres se miran y después me hacen una señal para que pase.

Como había oído, el Distrito 13 es mucho más grande de lo que parece. Después de dejar que unos soldados nos cacheen, llegamos a una especie de vestíbulo del que salen un pasillo hacia cada lado y en el que hay dos ascensores que no se pueden comparar con los del Capitolio. Haymich pulsa el botón del que tiene a su derecha y se vuelve hacia a mí.

-¿Es que no has oído lo que he dicho antes? Solo Annie, Finnick y tus padres.

-¿Me estás diciendo que no puedo ir?

-Exacto.

-¿Y por qué?

-Porque en las reuniones de mando se habla principalmente de las estrategias a seguir en la guerra, así que sería absurdo que acudieras sabiendo que no vas a salir al campo de batalla.

-¿Y quién dice eso? -Aumento el tono de voz.

-Nosotros. -Interviene mi padre.- No vas a luchar, Less. Te quedarás aquí, con tu hermano.

-¿Esperais que me quede haciendo de niñera mientras vosotros arriesgais la vida en la guerra?

-Tendrás que hacerlo, no tienes edad para entrar en el ejército, ¿recuerdas?

-Está bien, ¿y por qué Annie puede ir? Ella tampoco va a luchar. -Miro a Annie y me doy cuenta de que está mirando a Haymitch, al parecer ella tampoco sabe por qué la reclaman.

-Porque, aunque Finnick haya cumplido ya los quince años, sigue siendo menor de edad, por lo que su madre tendrá que estar de acuerdo en todo lo que incumba al chico. -Ahora miro a Finnick a los ojos, seria.

-¿Así que vas a ir?

-Less, yo...

-¿Acaso no ha sido suficiente todo lo que me has hecho pasar?

-No he dicho eso...

-¡Si me quisieras te quedarías conmigo! Eternamente, ¿o ya lo has olvidado?

-No lo he olvidado. Ponte en mi lugar, ¿no querrías vengarte de las personas que han destruído tu hogar?

-Pero yo también...

-No, Less. Te quiero pero no puedo quedarme de brazos cruzados cuando me están dando la opurtunidad de actuar.

-Bien. Entonces todo arreglado. -Sentencia Haymich, por su tono de voz parece que se siente impaciente por llegar a la sala de mando, aunque no puedo estar segura ya que mis ojos siguen fijos en los de Finnick.- Less, tú y tu familia os alojareis en el compartimento D. Teneis suerte, está en esta misma planta, por el pasillo de la izquierda, así que cuenta con una pequeña ventana. River está ahí así que sugiero que vayas y descanses un rato.

Me doy la vuelta justo cuando ellos entran en el ascensor. Avanzo con determinación por el pasillo de la izquierda hasta que llego una puerta con una letra D escrita en negro. No me molesto en llamar a la puerta, abro de un golpe y me encuentro con mi hermano pequeño sentado en el suelo, jugueteando con los soldaditos que se llevó el día que nos adentramos en el bosque. Durante unos segundos me mira incrédulo, luego, como si acabara de darse cuenta de que soy real, se levanta y me abraza.

-¡Less! Que bien que hayas vuelto.

-Sí, bueno. ¿Qué tal, enano?

-No muy bien, este sitio es aburrido. Quiero irme a casa. -La mirada gris de mi hermano se baña en lágrimas al instante, cosa que me afecta bastante. Me arrodillo y le cojo por los hombros, mirándole a los ojos.

-Yo también quiero irme a casa, River. Es solo que... Bueno, por ahora no podemos, lo siento. Además, estoy segura de que pronto encontraremos una manera de divertirnos, ¿no te parece? -River sonríe alegremente, aunque hay algo en su expresión que me hace pensar que no se fía del todo.

-Less, ¿juegas conmigo? -Sin poder evitarlo lanzo una mirada a la habitación, deseando acostarme y poder dejar atrás este día tan espantoso. En la habitación hay tres camas, dos de ellas son literas, y la otra es algo más grande. Al fondo de la habitación hay una puerta de color granate y un aparato que sobresale de la pared. A mi derecha tengo un agujero escabado en el suelo que contiene algo de ropa y la bolsa que dejé atras cuando me escapé.

-Me encantaría, pero estoy agotada. ¿Qué te parecería si lo dejamos para mañana?

-Vale. Como quieras. -Se da la vuelta, decepcionado, y vuelve a su juego.- Por cierto, tu litera es la de arriba. -Me subo a la cama, me arropo hasta el cuello con el edredón y, sorprendentemente, me quedo dormida a los pocos minutos.

 

Noto que alguien me zarandea apenas cuando tengo la sensación de haber dormido solo unos minutos. Abro los ojos y vuelvo a encontrarme con River.

-Less, es la hora de cenar.

-¿Aún no han vuelto papá y mamá?

-No, pero seguro que los vemos en la cena. Aquí todos cenamos a la misma hora. Nos la perderemos si no nos damos prisa. -Me levanto y dejo que mi hermano me lleve al comedor.

La sala tiene una capacidad de más de diez mil personas como mínimo. Cientos de mesas se reparten por todo el comedor a excepción de la pared de la izquierda, que es donde te sirven la comida y te reparten los cubiertos. River y yo recogemos nuestra, para mi gusto, escasa ración de comida y me lleva hasta una mesa que tenemos asignada. Como había dicho mi hermano, nuestros padres esperan allí, acompañados de mi abuela, Haymitch, Annie, Betee y Johanna. Finnick debe de haber ido a por la comida. Como no me apetece nada que se siente a mi lado, me coloco en la esquina del banco, dejando a River a mi derecha. Pocos minutos después de empezar a comer aparece Finnick llevando su bandeja. Desafortunadamente, decide sentarse en frente mía, y se pasa al menos diez minutos observando cómo me como el estofado de patatas hasta que por fin River decide romper el silencio.

-¿Tú quién eres?

-Vaya, River, ¿no te acuerdas de mí? Normal, la última vez que te ví apenas eras capaz de mantenerte en pie. Soy Finnick. -Finnick le tiende la mano a mi hermano, muy sonriente y encantador, este se la estrecha sin demasiada fuerza.

-¿Eres el hijo de Annie?

-El mismo. -Después de dedicarle una última sonrisa a mi hermano, sus ojos verdes se posan en los míos y su expresión se vuelve seria.- Less, ¿podemos hablar?

-No hay nada de que hablar. Me voy a la cama, no tengo hambre. -Le paso el cuenco a River, que hace tiempo que se ha acabado su ración.- Puedes comerte mi parte.

Me levanto y salgo del comedor, oigo pasos que me siguen, pero los ignoro y sigo andando, hasta que Finnick me adelanta justo cuando estoy a punto de entrar al compartimento y me sujeta por los hombros contra la pared.

-No dejaré que te vayas hasta que hablemos.

-Ya te he dicho que no hay nada de que hablar. Prefieres ir a la guerra antes de quedarte aquí conmigo, eso es todo.

-Less... Por favor, ponte en mi lugar. Matan a mi padre, dejando a su mujer embarazada completamente sola, esas mismas personas hacen explotar una bomba a menos de diez metros de la persona que más quiero en este mundo, entran en guerra con mi distrito y lo convierten en cenizas delante de mis narices. ¿No es lógico que quiera venganza?

-¡Finnick! Yo también lo he pasado muy mal. -Digo llorando.- He tenido que aguantar estar a kilómetros de ti sabiendo que estabas luchando en una guerra, sabiendo que cada vez que hablaba contigo por teléfono podría ser la última vez que oía tu voz, decido escaparme, dejando atrás a mi familia, para ir a buscarte en medio de una guerra que no es la nuestra. ¿Cómo crees que tengo que sentirme si después de todo vuelves a elegir luchar antes que estar conmigo?

-Jamás elegiría nada que me apartara de ti.

-Lo estás haciendo.

-Mira, lo he estado pensando y creo que voy a quedarme. Tienes razón. Lo importante ahora es que estemos juntos. -Le sonrío agradecida y le acaricio la cara, después me meto en el compartimento, dispuesta a volver a acostarme. -¡Espera, Less! Tengo algo para ti.

Abro la puerta y me siento en la cama de mis padres. El me imita y dedica un par de minutos a mirarme a los ojos, después, mete la mano en el bolsillo izquierdo de su pantalón y saca una pulsera de cuerda de color marrón.

-Sé que no es gran cosa, la hice antes de que los rebeldes llegaran al 4. -Me coge la mano derecha y me ata la pulsera de cuerda a la muñeca.- ¿Te gusta?

-Me encanta, gracias. -Es verdad que la pulsera es muy bonita, está hecha de un tipo de cuerda parecida a la que utilizan para las redes de pesca, las cuerdas están entrelazadas las unas con las otras, formando una preciosa trenza de color marrón oscuro. No sé porqué, pero me acerco la pulsera a la cara. -Huele a sal.

-Sí, bueno. Un bonito recuerdo de las playas del 4. -Me contesa Finnick con una sonrisa tímida y ligeramente ruborizado. Apoya las manos en sus rodillas y se levanta.- Creo que debería irme.

Me levanto y me lanzo a su cuello, abrazándole fuertememte. Él me agarra por la cintura y apoya los labios en mi hombro, unos segundos después nos separamos, volvemos a mirarnos a los ojos y nos besamos.

-Te quiero. -Susurro.

-Te quiero. -Me responde él.

 

A la mañana siguiente me despierta mi padre. Me levanto, me lavo los dientes y me pongo un conjunto gris limpio idéntico al anterior. Mis padres me dicen que tengo que pasar el antebrazo por debajo del extraño aparato que sobresale de la pared. Al hacerlo, se imprime en mi piel un horario escrito con tinta morada:

6:00- Desayuno

6:30- Escuela

12:00- Comida

12:30- Estrategia

15:00- Entrenamiento

18:00- Reflexión

19:00- Cena

20:00- Ducha

Sin poder evitarlo, suelto una risita tonta al leer que tendré que ir a la escuela dentro de una media hora.

-Mamá, ¿qué es esto? -Ella se acerca y me mira el brazo.

-Creo que está claro. Es tu horario, Less.

-Eso ya lo sé, me refiero a todo eso de Escuela, Estrategia y Entrenamiento.

-Es obvio, ¿no? Tendrás que ir a clase, os enseñarán matemáticas simples, algo de geografía, historia y poco más, es decir, lo que deberías haber aprendido en el 12. -Me lanza una mirada de reproche por haberme saltado el colegio.- Luego darás clase de Estrategia militar y acudirás a un pequeño entrenamiento. Aunque no vayas a la guerra, aquí a partir de los catorce años te consideran un soldado y te entrenarán como tal.

-Oh, genial. -Digo con sarcasmo. No me apetece nada volver a la escuela.

-Vamos, remolona. -Sentencia mi madre dándome una palmadita en la espalda.- Llegaremos tarde al desayuno.

A llegar al comedor, la mayoría de la gente está ya allí. Cogemos nuestra comida y nos reunimos con los demás en la mesa de siempre. Hoy el desayuno consta, básicamente, de un cuenco de gachas y medio panecillo duro. Lo devoro en dos minutos y vuelvo a mirar mi horario, después miro a Finnick.

-¿Qué tienes ahora?

-Clase. ¿Tú?

-¿Tú también tienes que ir a clase? Pensé que...

-Sí, bueno. Normalmente tienes que ir hasta que tengas dieciseis, pero a medida que creces, das menos horas de clases y más de entrenamiento. Yo solo doy clase hasta las diez.

-Yo tengo hasta la hora de la comida. No creo que aguante. -Se ríe.

-Vamos, te acompaño. Mi aula es la contigua a la tuya. -Salimos del comedor después de dejar las bandejas y cubiertos en su lugar correspondiente. Después, descendemos tres plantas en ascensor hasta llegar a un pasillo no muy largo, que cuenta solo con cinco puertas.- Aquí es, la tuya es la cuarta.

-¿Es obligatorio?

-¿El qué? -Me pregunta con una sonrisa encantadora.

-Entrar. No le veo necesidad, ciertamente. -Suelta una pequeña carcajada.

-Me temo que sí. -Me acerca la cara a él y me da un besito en los labios.- Que no se te haga muy largo.

-Eso espero. -Y me meto en la clase.

Al abrir la puerta, más de una veintena de cabezas se giran hacia mí, incluída la de una mujer mayor y de pelo blanco que debe ser la profesora.

-Tú debes ser la señorita Mellark.

-Sí. Llámeme Less.

-No. Coja papel y un lápiz del armario y siéntese, Mellark, y recuerde que aquí llamamos a la puerta antes de entrar. -Asiento y me dirijo al final de la clase. Mientras paso entre los pupitres, oigo los cuchicheos de mis compañeros, aunque no logro entender lo que dicen. Cojo el material necesario y me siento en el pupitre más alejado.- Pero no sea tímida, acérquese. -La profesora señala un sitio vacío en tercera fila, no de manera amable, sino más bien queriendo fastidiarme.

Durante los diez primeros minutos de clase, intento concentrarme y prestar atención a lo que dice mi profesora sobre las principales exportaciones del Distrito 13 al resto de los distritos, pero finalmente, acabo distrayéndome mirando a mis compañeros. Todos deben de tener entre trece y catorce años, y la mayoría atiende con interés a la lección, pero hay otros que se limitan a cuchichear entre ellos, algunos incluso, señalándome.

-Hola. -Me giro y me doy cuenta de que la que me ha saludado es la chica de mi izquierda. Debe tener aproximadamente mi edad, aunque es bastante más delgada que yo y un par de centímetros más alta. Tiene el pelo rubio muy largo y muy liso, recogido en una coleta, y unos ojos verde esmeralda. Me tiende la mano derecha. -Soy Angelina.

-Less. -Digo estrechándola.

-Ya sé quien eres, probablemente todo el mundo lo sepa.

-Pues no soy yo la famosa.

-Lo sé, pero tampoco deberías esperar pasar desapercibida siendo la hija de Katniss Everdeen y Peeta Mellark.

-No lo esperaba. -Angelina me dedica una blanquísima sonrisa y me veo forzada a devolvérsela.

-¿Puedo hacerte una pregunta?

-Supongo.

-¿Qué estás haciendo aquí? Quiero decir, el 12 sigue intacto.

-Buena pregunta. Mi madre insistió en venir, piensa que aquí estarmos a salvo, pero, seamos ralistas, no hay ningún lugar seguro si los rebeldes van a por tu familia. -La sonrisa de Angelina se borra de su cara y me lanza una mirada de apoyo.

-No tenéis que preocuparos, aquí estareis bien. Si te sirve de consuelo, yo también tuve que dejar mi casa. Mi padre murió en la guerra, cuando mi madre estaba embarazada de mí, así que tuvo que criarme sola, bueno, con la ayuda de mi abuela, pero ella no está muy cuerda. -Esboza una sonrisa triste.- Por eso estoy deseando cumplir los quince, para salir ahí fuera y luchar.

-¿De dónde eres?

-Del 1. Aunque te aseguro que allí todo no es como dicen, es verdad que es un distrito más rico que el 12, pero solo porque los trabajos están muy bien pagados. Lo difícil es si no puedes trabajar, como le pasó a mi madre.

-¿Por qué no pudo trabajar?

-Como ya te he dicho, tenía que cuidarnos a mí y a mi abuela y no podía dejarnos solas. Por suerte, cuando cumplí los seis años, encontró un buen trabajo y pudimos salir adelante con eso. Supongo que tú no habrás tenido muchos problemas, ¿no?

-No. -La verdad es que me ruborizo un poco al contestar, ver que la gente lo ha pasado realmente mal mientras que a ti te sobran muchísimas de las cosas que tienes te hace sentir un poco cruel.


Por fin llega la hora de la comida y mis compañeros llevan al armario los materiales que pueden seguir utilizándose, les imito y salgo del aula con Angelina. Hemos pasado hablando gran parte de las clases y creo que hemos entablado algo parecido a una amistad. Cuando las puertas del ascensor se abren, dejan paso a un Finnick bastante sofocado y colorado.

-Finnick, ¿de dónde vienes?

-Vengo corriendo desde la sala de mando, me han sacado del entrenamiento.

-¿Por qué? ¿Pasa algo?

-Less, están pensando en mandarte a la guerra.

miércoles, 13 de febrero de 2013


CAPÍTULO 9.

Aprovechando que Finnick se ha quedado dormido, mi abuela me lleva a una pequeña salita, que parece haber sido un despacho, y me invita a sentarme en unas sillas de terciopelo.

-Bueno, Leslie. ¿No tienes nada que decirme? -Su voz suena casi suplicante, como si esperara oir que me alegro muchísimo de haberla conocido por fin.

-¿Mi abuela? -En ningún momento levanto la mirada del suelo. Mi cuerpo aún no se ha recuperado del todo tras enterarse de que mi abuela está viva.

-Leslie, entiendo que todo esto te resulte un poco raro pero...

-¿Raro? Acabo de enterarme de que mi abuela está viva después de catorce años pensando que estaría muerta. Créeme, es más que raro.

-¿Tu madre nunca te ha hablado de mí? -Suspira tristemente y entonces, me atrevo a mirarla a la cara. Es ahora cuando el parecido con mi madre se hace evidente. A pesar de la diferencia del color de los ojos y el pelo, las facciones angulosas y los labios son iguales a los de mi madre, ahora que lo pienso, incluso la forma de las cejas se asemeja a la perfección.

-Mi madre... ¿Sabe que estás viva?

-Por supuesto que sí, a menos que crea que haya muerto en el bombardeo. -Vuelve a suspirar con pena.- No puedo creer que te haya dicho que estaba muerta.

-En realidad nunca me dijo que lo estuvieras. Directamente no te mencionó.

-Vaya. Debo de haberlo hecho incluso peor de lo que creía. Como es lógico, entiendo a la perfección que tu madre no me perdonara, pero una parte de mí siempre pensó que... Bueno, que os habría dicho algo de mí.

-¿Por qué no volviste al 12?

-Es complicado, ¿sabes? Ese sitio me trae demasiados recuerdos. Vivir allí sería insoportable.

-Pero mi madre estaba allí. Lo pasó fatal y tú ni si quiera la llamabas.

-Claro que la llamé, al principio. Hablábamos casi todos los días, llorábamos juntas, pero un par de meses después, perdimos el contacto. No recuerdo qué pasó, pero no volvimos a hablar.

-Entonces, ¿tú tampoco sabías que eras abuela?

-No hasta hace unas semanas, cuando tuve que enterarme por la televisión. -Cada palabra que sale de sus labios hace que sienta más pena por mi abuela. Puede que ella no actuara bien, pero tenía todo el derecho del mundo a saber que mi madre se había quedado embarazada.- ¿Saben tus padres que estás aquí?

-Supongo que a estas alturas ya se habrán enterado.

-¿No les dijiste que venías?

-Pues claro que no.

-Está bien, será mejor que les llames. Allí tienes un teléfono, dudo que funcione pero al menos inténtalo, ¿quieres?

Me levanto y me acerco al escritorio que tengo a un par de pasos de distancia. Descuelgo el teléfono y me lo pongo en la oreja, marco el número de casa de Haymich, (ya que es muy improbable que mis padres se hayan quedado en casa sin hacer nada) y espero. Milagrosamente, el teléfono da tono, y unos segundos después, la voz ronca de Haymich pregunta al otro lado del auricular.

-¿Sí?

-Haymich. Soy yo, Less. ¿Estás mis padres?

-¿Less? Santo cielo no sabes los problemas que estás causando. ¿Cómo se te ocurrió marcharte?

-Eso ya no importa. ¿Estás mis padres sí o no?

-Por supuesto que no, salieron a buscarte en cuanto se enteraron de que te habías ido. ¿Se puede saber dónde estás?

-En el 4. Me colé en un tren.

-Genial, muy responsable por tu parte. Todos aquí, haciendo lo posible para que ni tu hermano ni tú sufráis ningún daño en la guerra, y tú te metes derechita en ella.

-Mira, Haymich, ahora no es momento de que me regañes. Tú solo diles a mis padres que no se preocupen, que estoy bien.

-Oh, por supuesto que se lo diré y, ¿sabes qué? En cuanto lleguen al 4 te caerá una buena, jovencita.

-¿Qué? No, ellos no vendrán.

-Claro que irán, haré que los lleven en aerodeslizador y te traerán de vuelta a rastras si hace falta. Parece mentira que no conozcas a tu madre.

-Adiós, Haymich. -Cuelgo el teléfono y regreso a la silla de terciopelo.

-¿Malas noticias? -Pregunta mi abuela.

-Sí. Mis padres vienen de camino. -El rostro de mi abuela parece iluminarse un poco, incluso muestra una débil sonrisa esperanzada.

-¿Vendrán? ¿Aquí?

-¿Dónde si no?

-No lo sé. Es que... Bueno, hace quince años que no veo a tu madre en persona.

-Lo sé. Pero no sé si ella tendrá tantas ganas de verte como tú a ella. -Su sonrisa desaparece, pero aún así parece seguir estando contenta.

-Leslie, sé que ella no quiere verme, pero me haría tan feliz poder abrazarla de nuevo. No me has dicho nada de ella, ¿qué tal está?

-Bien, bueno, como siempre, supongo...

-Sí, estoy segura de que tu padre la cuida mucho. -Vuelve a aparecer esa sonrisita tonta en la cara de mi abuela, pero está vez es mucho más evidente, como si fuera a reír a carcajadas.

-Sí, eso sí. Ambos se quieren mucho, no recuerdo haberles visto discutir nunca.

-¿Sabes qué? Desde que tus padres salieron de sus primeros juegos supe que acabarían así. Se les notaba en la cara que estaban hechos el uno para el otro. Y tu hermano, ¿qué tal? -Mi abuela mueve el pie nerviosamente, mirándome expectante, ansiosa por saber todo lo sucedido en estos últimos años.

-Sí, está muy bien. Él no sabe nada de la guerra, mi madre no quiso contárselo.

-Es gracioso, tu madre siempre se quejaba de que la ocultara cosas, y ahora que tiene hijos...

-Siempre ha sido así. Nunca se ha arriesgado a que nos pasara nada malo, hay veces que nos trata como si fuéramos de cristal.

-Es normal. Tus padres han sufrido mucho, les han arrebatado muchísimas cosas y lo último que quieren en este mundo es que os pase algo. Lo hacen por vuestro bien.

-Ya. -Miro al suelo, distraída, y cambio de tema.- Creo que tendría que volver, me gustaría estar a solas con Finnick.

-¡Oh! Sí, claro. Yo también tengo cosas que hacer. -Mi abuela se levanta como si de verdad tuviera prisa, y se dispone a abrir la puerta, pero entonces se gira y me da un fuerte abrazo.- Me alegro muchísimo de haberte conocido, Leslie. Hablar contigo ha sido fantástico. -Le devuelvo el abrazo, siendo consciente de lo que debe de haber sufrido durante todo este tiempo.

-Yo también me alegro de haberte conocido, abuela. -Haberla llamado ''abuela'' ha sido bastante extraño, pero su reacción ha sido inmediata, me suelta, me agarra por los hombros y me mira a la cara. Sus ojos están inundados en lágrimas, aunque se aguanta para no derramarlas, y me muestra una gran sonrisa. Después sale de la salita y se pierde de vista entre la multitud de heridos.

 

Cuando vuelvo a donde había dejado dormido a Finnick, veo que no está solo, sino que Annie está sentada junto a él. Me acerco y también me siento a su lado.

-¡Less! ¿Qué haces aquí?

-Me enteré de que habían bombardeado el 4 y me escapé. Necesitaba saber si estaba bien. -Le cojo a Finnick la mano que tiene libre, ya que la otra está sujeta por la de su madre.

-Le has traído tú, ¿verdad?

-Sí. Un hombre estuvo a punto de matarle.

-Gracias.

-No hay de qué. No podía dejar que...

-Lo sé. -Me interrumpe. -Y te doy las gracias por eso.

Tras unos minutos de incómodo silencio, Annie vuelve a abrir la boca, y entonces me doy cuenta de que tiene los ojos llorosos.

-¿Le quieres?

-Sí. Muchísimo.

-Él a ti también, no te imaginas cuanto te necesita.

-Por eso estoy aquí, porque yo también le necesito. Porque no me imagino un mundo si él.

Acaricio con las yemas de los dedos la mano de Finnick, sucia y con pequeños cortes. Le miro a la cara. Toda la superficie de su piel sigue cubierta por una capa de mugre, sudor y heridas, y su pelo está muy despeinado. Pero aún así no puede evitar parecerme la persona más guapa del mundo. Aparto la vista de su rostro y vuelvo a mirar a Annie. Al posar mis ojos sobre los suyos me encuentro con una mirada de color verde oscura, muy triste y fijamente dirigida a los míos.

-Sé por lo que estás pasando. Cuando Finnick murió, se llevó con él una parte de mi alma que nunca podré recuperar, ya que será suya de por vida.

-Él no está muerto. -Digo señalando a Finnick con la cabeza.

-Lo sé, pero no puedo evitar pensar que sería de mí si él se fuera también. Al fin y al cabo, todas las personas a las que he amado me han sido arrebatadas.

-Eso no le pasará a él.

-Créeme, no hay nada que deseé más en el mundo que la seguridad de mi hijo.

-No te preocupes, Annie. Estará bien.

-Less, gracias por todo otra vez. Si no fuera por ti...

-Ya te he dicho que no tienes por qué darlas. -Intento mostrarle a Annie la mejor de mis sonrisas, pero este no es precisamente un momento alegre, así que mi intento resulta un poco ridículo.

Vuelve a haber otro periodo de silencio, esta vez no tan incómodo y algo más largo. Yo, me tumbo al lado de Finnick y le acaricio el brazo con suavidad, para no despertarle. Annie de dedica a sujetar firmemente la mano de su hijo y a mirarla con fijeza durante mucho rato.

-Hace poco vi una foto de Finnick, de tu marido quiero decir. Se parece mucho a Finn. -Annie levanta automáticamente la mirada y vuelve a mirarme a los ojos. Su boca está entreabierta y su expresión demuestra que mi comentario la ha sorprendido. Empieza a asentir repetidamente.

-Sí. Sí. Sí, se perecen mucho. No solo físicamente, sino en la forma de ser.

-Tuvo que ser muy buena persona, mi madre... Me habló de él.

-Fue la mejor persona que podrías imaginarte, y no pasa un solo minuto en el que no me acuerde de él. -Annie empieza a levantar más la voz, y llega un momento en el que está prácticamente gritando.- Daría lo que fuera por tenerle aquí conmigo, hubiera preferido incluso mi muerte antes de tener que oír como me daban la noticia de que a mi marido le hubieran asesinado unos asquerosos mutos.

-Lo... Lo siento muchísimo, Annie. Yo no quería...

-No te preocupes, Less. No ha sido culpa tuya. Siento haberte gritado.

-No pasa nada.

Al cabo de un tiempo, una enfermera (que no es mi abuela) viene a buscar a Annie. No sé dónde se la habrá llevado, pero aún no ha vuelto. Una media hora después de la marcha de Annie, Finnick se despierta por fin, e insiste en que le cuente todos los detalles de mi huída y de la conversación con mi abuela. Tras más de veinte minutos hablando sin parar, acabo de narrarle todo lo sucedido con el mayor detalle que soy capaz.

-Vaya, entonces ha sido un día bastante largo, ¿no crees?

-Yo diría eterno, más bien.

-Te he echado muchísimo de menos. -Me susurra cambiando de tema.

-Y yo a ti. -Me tumbo sobre su pecho, con cuidado para no hacerle daño en sus múltiples magulladuras, y me quedo un rato escuchando el latido de su corazón, disfrutando de sus tiernas caricias sobre mi tripa.- Solo prométeme una cosa.

-Lo que quieras.

-Quédate conmigo.

-Hasta que deje de respirar.

-No. Quédate conmigo incluso después de que eso ocurra.

-Eternamente. -Y así es como me quedo dormida. Con el susurro se su voz en mi oído y sus dedos moviéndose lentamente alrededor de mi ombligo.

 

Cuando me despierto, Finnick sigue durmiendo a mi lado. Tiene extendido el brazo derecho, que yo estoy utilizando como almohada. Su brazo izquierdo reposa suavemente sobre mi costado y noto su suave respiración sobre mi cabeza. No tengo sueño, pero no quiero moverme ni un solo centímetro ya que no podría estar más cómoda de lo que estoy.

-Buenos días, dormilona. Llevo horas esperando a que despiertes.

-¿Tú no estabas dormido?

-No, solo lo fingía para no molestarte. -Me incorporo para darle un corto beso en los labios.- ¿Qué planes hay para hoy? ¿Quieres montar a caballo por la playa? ¿O prefieres una visita guiada por el fabuloso Distrito 4?

-Tonto. -Contesto sonriendo, ya que no podríamos hacer ninguna de esas cosas por mucho que quisiéramos. Él también se ríe y me besa de nuevo, esta vez mordiéndome suavemente el labio inferior.

-Tus padres llegaban hoy, ¿verdad?

-Sí, es verdad. No me acordaba. -Me pongo de pie y me sacudo un poco la ropa.- Tienen que estar al llegar, Haymich dijo que vendrían en aerodeslizador. Será mejor que avise a mi abuela.

-Espera, te acompaño. -Finnick hace intento de levantarse pero su pierna no parece estar en condiciones de caminar.

-No hace falta, enseguida vuelvo.

Tardo unos cuantos minutos en encontrar a mi abuela, por suerte, no parece estar muy ocupada en este momento y puedo hablar con ella.

-Mis padres tienen que estar al caer.

-Lo sé.

-¿Y bien? ¿No decías que querías verles?

-Claro que quiero verles, Leslie. Pero no creo que tu madre se alegre mucho de volver a verme.

-Es verdad, probablemente no la haga mucha gracia. Pero aún así tienes que venir, es tu hija y hace quince años que no la ves. Al menos salúdala.

-Puede que tengas razón. A pesar de todo, siempre seguirá siendo mi hija. -La dedico a mi abuela una rápida sonrisa y vuelvo con Finnick.

A penas unos diez minutos después, oigo voces gritando mi nombre.

-Ya están aquí. -Le dijo nerviosa a Finnick.- Será mejor que vaya, están enfadados.

-Estoy de acuerdo.

Unos segundos después, ya he localizado a mis padres, cerca de la entrada. Las caras de los heridos se giran de golpe al verles pasar, tal vez piensen que vienen a ayudar, o simplemente tengan curiosidad por verles de cerca. Primero me acerco a mi padre, que suele ser más comprensivo en estas situaciones.

-Papá.

-¿Se puede saber que pasa por tu cabeza? -Está muy rojo y tiene los puños apretados, gesto que solo hace cuando está muy enfadado. Mi madre no tarda ni diez segundos en unirse a nosotros, dando voces como una loca.

-Leslie Primrose está vez la has hecho buena. ¿Acaso no eres consciente del riesgo que corres estando aquí?

-Mamá, papá, estoy bien, de verdad.

-Oh, no te preocupes, eso no va a durar mucho. ¿Tienes idea del lío en el que nos acabas de meter?

-Tu madre tiene razón, nos buscan a nosotros, es muy peligroso para toda la familia que tú estés aquí. -Ver a mis padres gritarme de esta manera me supera totalmente, nunca habían hecho algo parecido y no puedo evitar dejar escapar una lágrima, cosa que parece ablandarles. Mi madre me agarra por los hombros y me mira fijamente a los ojos. Los suyos también están húmedos, lo que indica que, a pesar de todo, se alegra de volver a verme.

-Leslie, -Empieza bajando un poco el tono de voz, pero aún así sigue gritando.- ¿No se te ha ocurrido pensar lo que sería de tu padre y de mí si te hubiera pasado algo? ¿No te das cuenta de que todo es por tu bien?

-No me ha pasado nada.

-Ya, ¿pero y si te hubiera pasado? -Vuelve a alzar mucho el tono de voz.- ¿Qué hubiera pasado entonces?

-¡Que hubierais tenido otro hijo! ¿No fue eso lo que hiciste cuando murió tu hermana? ¿Quedarte embarazada de mí para olvidarla? -No pasa un segundo antes de que me arrepienta de lo que acabo de decir. Entonces, inmediatamente después de haber acabado la frase, mi madre levanta el brazo derecho y me pega una bofetada tan fuerte que tengo miedo de caer al suelo.

Su cara cambia al instante, ya no está furiosa, ni si quiera un poco enfadada, sino anonadada. Su boca está entreabierta, sus ojos abiertos como platos dejan caer una única lágrima y empieza a negar con la cabeza. Todo se ha quedado en silencio, incluso la multitud de heridos y enfermeras parece haberse callado.

-Less, yo... -Ahora soy yo la que lo niega todo. Aprieto la mano sobre el lado izquierdo de mi cara y salgo corriendo, dejando a mi madre con las palabras en la boca, a mi padre tan sorprendido como si acabara de ver un fantasma, y al resto de personas mirándome, cuchicheando entre ellas.

Corro hasta la salita en la que he hablado con mi abuela y tiro al suelo todo lo que está a mi alcance. Grito y lloro como no lo había hecho antes y golpeo la mesa del teléfono hasta hacer que mis puños sangren.

Mis padres nunca nos han pegado, y nunca se me habría pasado por la cabeza que fueran capaz de hacerlo. Aunque, por otra parte, me lo merezco. Me merezco esa bofetada y más. Mis padres se esfuerzan al máximo por ponernos a mi hermano y a mí a salvo, nos escondemos en el bosque, huyo si dejar ninguna pista y me meto de lleno en la guerra. Pero lo peor de todo es haber mencionado tal y como he hecho a mi tía Prim. Por supuesto que no pienso nada de lo que he dicho, mi madre no me tuvo para olvidar a su hermana, no hubiera podido hacerlo aunque hubiera querido. Definitivamente, entendería a mi madre si ahora viniese a darme otra bofetada.

El dolor de mis puños bañados en sangre no es ni la mitad de fuerte que el de la cara. Ahora mismo podría cortarme una pierna y aún así seguiría sintiendo más la bofetada que mi madre acaba de darme. Cuando ya no queda nada más que pueda romper, me acurruco en una esquina y me pongo a llorar.

Minutos después aparece mi madre, pero no entra, se queda en la puerta.

-¿Puedo pasar? -Ella también parece haber llorado, aunque muchísimo menos que yo. Sé que lo siente, que ella no quería pegarme, pero que me pasé.

-Claro.

-Less, no sabes cuánto lo siento, de verdad. -Se arrodilla en frente mía, mirándome de nuevo a los ojos, y secándome las lágrimas con sus manos.

-Está bien.

-No, no está bien. Lo que te hecho es imperdonable.

-Ha sido culpa mía. No tenía que haberme escapado. No tenía que haber dicho eso de la tía Prim. -Ella me aguanta la mirada y frunce un poco los labios.

-Has hecho bien en venir. No he querido darme cuenta hasta ahora. Si hubiera estado en tu lugar, no hubiera dudado en venir, es más, odiaría a las personas que no fueran capaces de correr riesgos cuando de verdad quieres a alguien. Perdóname. -Acerco a mi madre contra mí y la abrazo fuertemente, ella me devuelve el abrazo y me da un beso en la cabeza. Cuando nos separamos, recuerdo que me queda algo pendiente.

-Mamá, la abuela está aquí.

-¿La abuela? -Parece totalmente asombrada.- ¿Mi madre?

-Sí. He hablado con ella, dice que siente muchísimo todo lo que pasó y que tiene muchas ganas de verte.

-¿Mi madre está aquí? -Su rostro muestra una expresión incrédula, aunque, sorprendentemente feliz al mismo tiempo.

-Sí, no se ha acercado porque piensa que no tienes ganas de verla.

-Less, es mi madre, que no la haya perdonado no quiere decir que no quiera verla. -Y dicho esto salimos de la salita.

Llegamos al lugar donde, supuestamente, Finnick estaría tumbado, pero en lugar de eso, le vemos cojeando a unos cuantos metros, sujetado por mi abuela y Annie. Parece que poco a poco va siendo capaz de apoyar la pierna, y para cuando me acerco, ya se mantiene en pie sin ayuda.

-Vaya, menuda mejora.

-Tu abuela ha cedido y me ha dado una medicina del Capitolio. Es genial, sigue doliendo, pero al menos puedo andar.

-No te emociones, Finnick. El efecto solo dura seis horas. -Interrumpe ella. De repente, su mirada se aparta de la pierna herida de mi novio y se posa en los ojos de mi madre.- Katniss.

-Hola.

-Hija, hace tantos años que...

-Lo sé.

-Cariño, me gustaría tanto hablar contigo, tenemos tantas cosas que contarnos...

-Vamos. -El tono de voz de mi madre no es demasiado cariñoso, no digo que no se alegre de ver a su madre, pero ni de broma está tan eufórica como mi abuela. Ella la sonríe, dejando caer un par de lágrimas de alegría, y la sigue hasta la salita.

Antes de que podamos perderlas de vista, un gran temblor sacude el Edificio de Justicia. Todo el mundo está paralizado, nadie sabe qué está pasando, hasta que tiran otra bomba.

El pánico cunde muy rápidamente, los enfermos capaces de andar, corren sin rumbo fijo, las enfermeras, incluida mi abuela, intentan poner algo de orden, aunque sin mucho éxito. El único que parece más o menos tranquilo es mi padre.

-El aerodeslizador. -Susurra.- ¡Katniss! ¡El aerodeslizador aún sigue aquí!

Automáticamente mi madre me agarra del brazo y tira de mí hacia el exterior. Finnick y Annie nos siguen a duras penas.

-Escúchame, Less. Quiero que subáis al aerodeslizador. No, no me discutas, iré en cuanto pueda. -Mi padre nos alcanza, y trae con él a mi abuela.

-No, Katniss. Tú también subes. -Mi padre la mira fijamente, no piensa irse de aquí sin mi madre.- Haymich, estamos fuera del Edificio de Justicia. ¿Qué hacemos? -Dice tocándose la oreja derecha, donde lleva el transmisor que le comunica con Haymich.- De acuerdo. Tendremos que ir hacia la plaza, el aerodeslizador se hará visible justo cuando lleguemos allí, ¿entendido?

A pesar de que mi madre insiste en que vaya detrás de ella, consigo convencerla para ayudar a Finnick, ya que tengo más fuerza que Annie y soy más rápida. Cuando estamos casi en la plaza, Finnick me susurra para que nadie más le oiga:

-Less, tienes que subir al aerodeslizador. Te prometo que estaré bien, los soldados del 4 están cerca de la playa, en las barricadas. Tengo que saber si hay alguien con vida y enviarle de inmediato al hospital, con los demás.

-No. -Ya que Finnick es casi dos cabezas más alto que yo, y mucho más fuerte, se libra de mí con facilidad, y a pesar de su cojera sale corriendo como puede. Me separo del grupo y le persigo hasta que le alcanzo. Aunque no me cesta prácticamente nada atrapar a un cojo, tengo que tirarle al suelo para que no vuelva a escaparse.- No pienso perderte de nuevo.

Otra bomba estalla, está vez, podemos ver la posición exacta dónde ha caído: en el Edificio de Justicia. Tanto Finnick como yo estamos completamente boquiabiertos, un hospital lleno de heridos que lo único que han hecho ha sido intentar defender su hogar. Miro a Finnick a la cara, él sigue mirando la gran nube de humo que cubre lo que antes era el Edificio de Justicia de si distrito. Respira agitadamente, está empezando a temblar y una lágrima resbala por su pómulo izquierdo.

-No puedes hacer nada, Finn. Por favor, vámonos. -Oigo las voces de mi madre, colocada al lado de una escalerilla que cuelga de un aerodeslizador totalmente visible. Ayudo a Finnick a levantarse y le llevo hasta la plaza.